Fluvio Labenti

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Monday, August 26, 2013

El peso de la prueba (burden of proof) en la ciencia




Cuando alguien decide creer en algo sin tener buenas razones, está poniendo de lado la razón. Eso es precisamente la fe: creer sin tener razones. Bueno, no tenemos que ser 100% racionales todo el tiempo (¿o sí?). Algunos creerán en la existencia de, por ejemplo, fantasmas o unicornios. En todo caso, cuando se quieran tener razones para creer en algo, es decir, cuando sí se desee involucrar a la razón, hay ciertas reglas de juego que se tendrán que respetar.

Supongamos que hay un pueblo donde todos se conocen y donde lo aceptado por todos hasta el momento es que todos allí son honestos y buenas personas. Pero ocurre algo: una persona X de pronto dice que le han robado, y sospecha que el culpable es otra persona Y del pueblo, y acusa a Y. "Me han robado", dice X, "y el ladrón es Y, deben creerme." Al hacer esto, X está postulando algo que está en conflicto con lo que todos piensan, está violentando e intentando modificar lo aceptado por todos, a saber, que todos allí en el pueblo son honrados y buenas personas.

Para proceder con semejante acusación, X tendrá entonces que 1) Demostrar que hubo tal robo, y 2) Demostrar que en verdad Y es el ladrón. Después de todo, X a lo mejor está confundido y está acusando injustamente a Y, o quizá está mintiendo porque detesta a Y y quiere difamarlo o perjudicarlo, o aprovecharse de Y (aunque no debería estar haciendo eso si es una buena persona). Por supuesto, quizá efectivamente hubo un robo y el ladrón sea Y, ¿pero cómo saberlo?

Los ancianos del pueblo le responden a X: "Todos somos honrados y buenas personas en este pueblo, siempre lo hemos sido. ¿Cómo sabes que Y te robó? Tendrás que probar su culpabilidad". Los sabios ancianos aplican el mismo principio legal que repiten los programas de juicios en la televisión a cada rato: todo acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario más allá de cualquier duda razonable (
"beyond reasonable doubt"). Lo que aplican los ancianos es la primera reacción racional: rechazar cualquier pretensión de violentar lo aceptado o conocido, a menos que haya evidencia contundente para permitir el trastorno. Por ello se requieren esas pruebas para aceptar que Y es un ladrón. El acusador X tiene entonces que "armar su caso".

Como X cree que Y es el ladrón, y quiere que los demás también crean lo que él cree, X tendrá que conseguir evidencia convincente que demuestre que efectivamente hubo un robo y que Y está incriminado como responsable de dicho robo. Los ancianos tendrán que evaluar la validez de dicha evidencia, y el acusado Y, cuando vea tal evidencia en su contra, tendrá entonces que defenderse de esa supuesta evidencia atacándola o invalidándola, demostrando que es fabricada o falsa, presentando evidencia que contradiga lo presentado por X y que sustente su inocencia, etc. Ahora bien, si X no presenta pruebas convincentes de la culpabilidad de Y, Y no tendrá de qué preocuparse. Por mucho que la intuición de X alegue "saber" o "sospechar" que Y es culpable, en principio lo aceptado y conocido por todos en el pueblo es que Y es honrado y es una buena persona, como todos los demás. Violentar o modificar lo aceptado es lo que requiere evidencia, y evidencia buena, así que el trabajo lo tiene primero X. Debe pues presentar pruebas que sustenten de manera convincente esta nueva "verdad" que quiere hacer creer: que Y le robó.

Algo análogo ocurre en la ciencia.

Aunque el dilema entre X y Y es legal, esa obligación que tiene X de ofrecer pruebas para sustentar lo que él cree, que atenta contra lo conocido o aceptado, aplica por igual en la búsqueda de la verdad en la ciencia. El peso de la prueba (o "burden of proof" en inglés) siempre recae en el que asevera algo nuevo que atenta contra lo aceptado, es decir, recae en el creyente, no en el escéptico.

Ni la ciencia ni los científicos tienen la obligación de probar la existencia o no existencia de cosas en las que la gente cree. Son los creyentes en algo todavía no aceptado (científicamente) quienes, si quieren participar en la búsqueda de la verdad racionalmente, tendrían que armar "su caso" y suministrar evidencia que sustente aquello en lo que creen. De nuevo: el peso de la prueba recae en el creyente, no en el escéptico. La opción racional es siempre asumir que eso nuevo que cree X es falso, claro está, hasta que X mismo (si le interesa y puede) arme un caso y presente evidencia convincente que sustente lo que cree de manera sólida y "beyond reasonable doubt".

En resumidas cuentas, y en términos criollos e informales, el enfoque de la ciencia *nunca* es: "Esto (nuevo y no aceptado todavía) es verdad mientras no se pueda demostrar que es falso". Quizá para mucha gente eso suene razonable, pero así no es el juego de la ciencia ni de la búsqueda racional de la verdad o de la justicia. Nótese que con esa estrategia podría quedar preso no sólo Y sino quizá el pueblo entero, incluyendo a X. Basta que acusen a todo el mundo, y que nadie pueda demostrar que es inocente. (Demostrar inocencia más allá de toda duda razonable puede ser incluso más difícil que demostrar culpabilidad en muchos casos). La estrategia de la ciencia es precisamente al revés. La esencia del método científico y del razonamiento científico es:

Todo es mentira hasta que se demuestre lo contrario. 

Esa línea tan corta es de hecho el corazón del método científico, del espíritu científico, y del escepticismo racional, y gracias a esa regla tan simple es que se le ha ganado terreno al oscurantismo y se ha acumulado tanto desarrollo científico en los últimos cuatro siglos. El "Todo" en la línea se refiere por supuesto a todo lo nuevo, lo todavía no aceptado (p.ej. "Me han robado", "El ladrón es Y"), en contraposición a lo ya aceptado y conocido (p.ej. "todos en el pueblo somos honrados", "todos en principio somos inocentes"). Lo aceptado, por otro lado, siempre estará sujeto a revisión, pero tiene que aparecer suficiente evidencia que lo ponga en duda.

De vuelta al ejemplo inicial: hay gente que cree en los fantasmas. Pues que cada quien crea lo que le plazca creer, después de todo, nadie podrá impedirlo. Pero entendamos que está fuera de lugar pensar que podemos creer *racionalmente* en fantasmas porque la ciencia *no* haya demostrado que no existen. Por otro lado, entendamos también que está fuera de lugar pensar que la ciencia está en la obligación de demostrar que *no* existen los fantasmas, y que mientras no demuestre tal cosa será *racional* creer en los fantasmas. Así no es el juego de la justificación racional. Los creyentes por supuesto pueden seguir creyendo por las razones personales de su preferencia, pero no pueden llamar a esas razones "racionales". Por otro lado, si se quiere involucrar el asunto en el juego de la razón y de la ciencia, entonces tienen que seguir las reglas del juego. No se le puede traspasar el peso de la prueba al escéptico. De nuevo: el peso de la prueba recae en el creyente (esto es, el creyente en lo aún no aceptado por la comunidad científica). En contexto jurídico se dice "affirmanti incumbit probatio": a quien afirma, le corresponde presentar pruebas. Esto consituye el fundamento del llamado "Onus probandi" (peso o carga de la prueba). 


El que cree en fantasmas, sea científico o no, es quien estaría en la obligación inicial de presentar pruebas convincentes que acompañen su aseveración sobre la existencia de los fantasmas; la comunidad científica no está obligada a demostrar su no existencia, lo que está (eso sí, y siempre) es comprometida a rechazar todo lo que resulte infundado. Ese es, de hecho, el aspecto más importante de todo lo científico, y es precisamente lo que da credibilidad a lo avalado por la ciencia. Todo pues será mentira hasta que se demuestre lo contrario. Esa es la regla de oro de la razón y del conocimiento.

La opción por defecto para la ciencia será entonces siempre rechazar lo que carezca de evidencia satisfactoria. Todo lo nuevo se asumirá como falso hasta que se demuestre lo contrario. Si el creyente en lo cuestionado no logra suministrar suficientes pruebas, no logra armar un buen caso a su favor de manera convincente y más allá de toda duda razonable, lo racional será entonces rechazar su hipótesis, etiquetarla como falsa, y mantener entonces intacto lo aceptado previamente por la ciencia. Tal como en el contexto legal: pese a las acusaciones y difamaciones, si no hay pruebas convincentes el acusado se mantendrá libre de culpa.

De nuevo, por supuesto no tenemos que manejar todo en la vida todo el tiempo bajo las normas de la razón. Se puede por ejemplo decidir intuitivamente conducir por tal vía un día, no hacer negocios con tal empresa o persona, sin evidencia racional alguna que justifique esas decisiones; simplemente por "olfato", o incluso por capricho. Sin embargo, cuando interese involucrar a la razón y a la ciencia (a la justicia también, de hecho) para por ejemplo buscar la verdad o validez de una aseveración, entonces no deben violarse estas reglas de juego.


Algunas referencias:
Onus probandi (Wikipedia Español)
Legal burden of proof (Wikipedia English)
Burden of proof (RationalWiki)

1 Comments:

At 12:28 PM , Blogger Dante said...

Un excelente video en YouTube sobre este tema, en inglés:
The Burden of Proof

 

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