Thursday, September 30, 2010

SATANÓFELES



Si se enfrentara un solo mosquito contra un gran guerrero humano en un ring de boxeo, ¿a cuál favorecerían las apuestas? Antes de cualquier respuesta impulsiva, sépase que en toda la historia de nuestra especie el animal que más muertes humanas ha causado no ha sido el hombre mismo con sus guerras, ni los leones con sus garras, ni los osos, ni los lobos, ni las ratas, ni vertebrado alguno; el animal responsable de la mayor cantidad de muertes humanas en toda nuestra historia ha sido el mosquito. O para ser más exactos, las mosquitos, pues son las hembras de los mosquitos las que nos pican en busca de sangre. No necesitan alimentarse de sangre para su propia subsistencia, pero sí para desarrollar y poner huevos. Así que las mosquitos nos pican -y nos matan- por instinto maternal, para tener sus propios bebitos mosquito. Conmovedor. Algunas larvas de mosquito, por cierto, son caníbales, y una sola de ésas puede comerse otras 20 larvas de mosquito al día. Resulta en particular paradójico y trágico que entre los humanos sean las mujeres embarazadas las que más atraen picaduras de mosquito; las embarazadas emiten una cantidad de dióxido de carbono mayor a lo normal, y es este gas lo que olfatean las mosquitos para encontrar fuentes de sangre.

Una de las enfermedades más devastadoras que puede contagiar la picada del mosquito es la malaria. La mosquito anófeles adulta, que vive apenas un par de semanas, succiona primero la sangre de alguien infectado, y de allí obtiene los parásitos de la malaria, los plasmódium. Éstos se desarrollan en su intestino y producen los esporozoítos que se alojan luego en las glándulas salivales del insecto, circunstancia ésta muy desafortunada para nosotros porque, al iniciar su picadura, la mosquito inyecta siempre un poco de su propia saliva como anticoagulante y vasodilatador. Así, en la próxima picada, van con aquella saliva unos pocos esporozoítos que entran al torrente sanguíneo de la víctima, y alcanzan el hígado donde se multiplican y producen miles de merozoítos, que terminan reventando las células hepáticas, luego de lo cual se recubren de la propia membrana de aquellas células descuartizadas para pasar así desapercibidos ante el sistema inmune. Estos microorganismos del infierno se dedican luego a un genocidio olímpico de células rojas de la sangre, en las que se multiplican para también reventarlas por millares y seguir luego atacando nuevas células rojas frescas. Pueden también, por supuesto, pasar al intestino de cualquier mosquito que pique al enfermo mientras éste siga produciendo dióxido de carbono, y así pasan a otros torrentes sanguíneos para perpetuar su especie repitiendo estas masacres celulares en los humanos.

En pocos días se presentan en la víctima los síntomas de la enfermedad: fiebre, vómitos, anemia, temblores y convulsiones. Los casos graves progresan de manera rápida y fulminante; producen daño renal y cerebral, y suelen conducir al coma y a la muerte incluso en cuestión de horas.

Una de las víctimas más célebres de la malaria -y por ende, de los mosquitos- fue quizá Alejandro Magno, rey de Macedonia, pupilo ilustre de Aristóteles, y creador de uno de los imperios más vastos de la historia antigua. Alejandro Magno inició su reinado cuando tenía apenas 20 años de edad, y conquistó todo lo que se propuso conquistar en apenas una década: el Asia Menor, Siria, Egipto, Asiria, Babilonia, el imperio Persa completo, y hasta los bordes occidentales de la India. El impacto de la cultura Helenística, difundida por todo el imperio de Alejandro Magno, duraría por siglos. Fue una de las figuras más famosas de la antigüedad, y se le considera uno de los más grandes conquistadores y estrategas de todos los tiempos.

A sus 32 años, Alejandro Magno ya había consolidado su gran imperio. Regresaba de su campaña por la India y había decidido detenerse en Babilonia, en el palacio de Nabucodonosor, para planificar su próxima invasión a Arabia. Era una tarde de los primeros días de Junio del 323 A.C. El entonces hombre más poderoso del mundo caminaba por los jardines de aquel palacio, rodeado de sus ejércitos invencibles, cuando zumbaba por aquel mismo jardín una insignificante anófeles de Babilonia que quería tener sus bebecitos de mosquito. Henos aquí, pues, ante al ring de boxeo del cual hablábamos al comienzo.

La anófeles olfateó el dióxido de carbono que provenía de los pulmones de Alejandro Magno; le siguió el rastro hasta posarse en la piel de su cuello, sobre el tendón del esternocleidomastoideo, justo debajo de la oreja izquierda; clavó allí su probóscide, inyectó su saliva anticoagulante y vasodilatadora, y manteniéndose alerta, comenzó luego a succionar la tibia e ilustre sangre. Alejandro sintió de pronto la picada y disparó su mano como un relámpago. La misma mano que aplastaba cualquier ejército del mundo podría sin duda aplastar la insolencia de cualquier mosquito, pero no solo la mosquito escapó salvándose del golpe, los microscópicos esporozoítos, inmunes al manotazo, comenzaban ya a circular por el torrente sanguíneo de Alejandro, que se rascaba mientras devolvía sus pensamientos a la invasión de Arabia.

Una semana después, Alejandro Magno yacía en cama moribundo. Los soldados se preocuparon y exigieron verlo, pues ya lo creían muerto. Los generales accedieron, y todos sus soldados pasaron, uno por uno, ante el gran líder que les podía dar la mano pero que ya no les podía hablar. Las anófeles de Babilonia asistieron también al evento, con sus zumbidos y con sus picadas, llegando incluso a transferir la malaria del gran líder a algunos de sus inadvertidos seguidores. El 11 de Junio del 323 A.C., dos días después de aquel desfile de soldados y de mosquitos, murió bajo el sol inclemente de Babilonia, y derrotado por un solo mosquito, el conquistador más grande de todos los tiempos.

Aquella anófeles hembra, tan fácil de aplastar, seguiría por allí zumbando unos días más, llena de vida -y de muerte-, ajena al magno evento histórico que ella sola acababa de escribir. Zumbaría entre el enjambre de humanos, y entre el enjambre disperso de otras miles de anófeles que seguirían zumbando como siempre habían zumbado, buscando sangre con el propósito de tener sus infernales bebitos de mosquitos zumbadores; sembrando la muerte en el intento, sin discriminar entre mendigos y miserables, o grandes conquistadores, niños recién nacidos y mujeres embarazadas.

Los parásitos de la malaria matan hoy en día entre 1 y 3 millones de personas de entre los 400 millones de casos de malaria que hay en el mundo cada año. Y la malaria es solo una entre varias graves enfermedades que transmiten los mosquitos, cada una con sus millares de muertes al año: la fiebre amarilla, el dengue hemorrágico, el virus del nilo occidental, y varias formas de encefalitis. Para agregar indignación al agravio, de todas estas enfermedades, por cierto, ninguna afecta en lo más mínimo a los mosquitos mismos.

(Este texto fue una Crónica de tarea que escribí el 3/Dic/2009 para el Programa Superior de Escritura Creativa del ICREA).

Thursday, September 02, 2010

"Permisadas" las "Sandancias" en Venezuela



Pareciera que los horrores de lenguaje han sido oficialmente "permisados" en Venezuela. ¿Por qué estaremos utilizando aquí este engendro de palabra: "permisar"? Lleva tiempo mencionándose en algunas declaraciones de representantes del gobierno y de la oposición, y hasta la he visto en primeras planas de algunos periódicos. Creí que sólo aparecía en periódicos oficialistas, pero ayer la leí en un artículo de El Universal, y la cosa me preocupó. Incluso hice una búsqueda de esta neo-palabra en las páginas web del Universal, y encontré que ya ha aparecido en varias ocasiones anteriormente.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra "permisado" no existe en nuestro idioma. Y por si acaso, tampoco existe "permisar". Yo entiendo que la lengua sea una entidad cambiante y viva, que el uso termine mandando sobre la norma y no al revés, etcétera etcétera. ¿Pero acaso no tenemos "permitido" y sus sinónimos? ¿Y qué pasó con "no autorizado", "no permitido", o simplemente "prohibido", para que tengamos que vomitar ahora "no permisado"?

Me pregunto cuál será la etimología de estas deformaciones. (¿O es que no son deformaciones?) Quizá fueron paridas en algún discurso político, y comenzaron los periodistas venezolanos a propagarlas como si nada, más allá de una cita textual. Pero si fue así, ¿qué clase de periodismo sería ese? ¿Por qué la prensa venezolana repite y propaga estas palabras?

El servicio Google Fight permite comparar con facilidad la popularidad de palabras o términos, contando la cantidad de ocurrencias almacenadas en las bases de datos de búsqueda de Google. En cuanto a "permisar" contra "permitir", o "permisado" contra "permitido", los resultados son abrumadores a favor de los vocablos tradicionales:

"Permisar" contra "Permitir": 659 contra 742000
(O lo que es lo mismo: 0.089% contra 99.911%)

"Permisado" contra "Permitido": 454 contra 985000
(0.046% contra 99.954%)

Pese a estos números de Google Fight, en Venezuela parece que no diremos ya "roto" sino "rompido", dejaremos de decir "educación" y comenzaremos a hablar de "educancia", y no diremos "ignorancia" sino "ignoriedad". Sólo muy de vez en cuando diremos una que otra "sandancia", y así, gracias a esta transformación lingüística revolucionaria, los venezolanos por fin dejaremos de hacer y decir sandeces para siempre.

Saturday, August 28, 2010

El Ómnibus de Cortázar




Apenas el año pasado leí por primera vez en mi vida el breve cuento "Ómnibus" de Julio Cortázar. Mi impresión luego de las primeras páginas: "Batalla de gorriones, qué imagen tan elegante y bonita". Mi impresión al final: "Peazo'e loco este Cortázar, a cual más absurda y frustrante las cosas que escribe..."

Ayer conversé con una señora que toma siempre transporte en el Nuevo Circo de Caracas para desplazarse entre el trabajo y su casa. Hace varios viernes ella decidió tomar allí un autobús distinto al suyo para salir de Caracas porque los autobuses de su ruta nada que llegaban. Cuenta ella que en este otro autobús la gran mayoría de los pasajeros llevaban unas grandes bolsas con comida y víveres, pero ella no llevaba nada, y todos se le quedaban observando descaradamente, con caras extrañadas y de visible desprecio, casi odio, incluso envidia. La señora terminó descubriendo que la esencia de aquella ruta era pasar por una cárcel, y aquellos pasajeros iban todos de visita hacia allá. Escuchando esto me cobró algo de factura y sentido este "absurdo" cuento de Cortázar: Ómnibus - Julio Cortázar, "Bestiario"

PD. Cabe mencionar también otro de sus cuentos: La autopista del sur. La realidad en verdad parece estar queriendo imitar al arte, en particular, estos cuentos de Cortázar: 9-Day Traffic Jam Stretches 62 Miles.

Tuesday, August 24, 2010

"Black Widow" (La Viuda Negra)




Hace un par de días tuve que escribirle a mi amigo italiano Gianluca para que por favor me recordara donde es que estaba la “Black Widow” aquella. Sabía que no había sido muy lejos de Pensacola-Florida. Aquella vez llegamos en apenas poco más de una hora manejando, ¿pero fue saliendo hacia el este, o en dirección contraria, hacia Alabama y Mississippi? No lograba recordarlo. Gianluca, por suerte, sí: hacia Alabama. Hasta me envió un link al lugar exacto. Le respondí que si tenía excelente memoria o es que tenía una base de datos en su PC con todos los lugares por donde había pasado. (Yo no tengo ninguna de las dos cosas, por cierto). En todo caso, he aquí el link: Waterville USA - Water and Amusement Park. Allí estaba y sigue estando la maldita Black Widow.

El nombre Black Widow evoca el personaje de Scarlett Johansson en la última película de Iron Man: la pelirroja ninja y sin mella que se aleja del combate caminando con la tranquilidad y serenidad de una pantera adormecida, pese a haber repartido justo antes la paliza mayor, dejando tullido a todo un ejército.

Gianluca y su esposa me dijeron que planeaban ir a ese water park con Rodrigo y Angela; que estaba a poco más de una hora manejando, que si yo quería anotarme y acompañarlos. “Má! Que dicce! Claro que sí my friend!”, les dije. Viviendo en Pensacola y muy cerca de sus larguísimas playas blancas, un poco de agua con cloro pero ni sal ni arena era un cambio interesante. Y a todas éstas, yo todavía no había estado en ningún water park en los U.S.A.

Nos fuimos pues aquel fin de semana, y ahora viendo esa página es que recuerdo: salimos de Pensacola-Florida en dirección a Foley-Alabama, y de allí seguímos hacia el sur, hacia las aguas del Golfo de México. Por allí quedaba el Waterville USA. Todo un parque de diversiones acuáticas para todas las edades.

Recuerdo que allí nos metimos en unas tripas de caucho infladas para bajar por una especie de “río” clorado, con pequeños rápidos y con cascadas que nos caían encima. También me lancé por un “Jet-stream” que lo aceleraba a uno como si uno fuera un bob-slide en olimpiadas de invierno, y por un tobogán gigante que se llamaba “Kamikaze”, de unos 20 metros de alto, cuyo comienzo era una caída casi vertical. Fue todo un reto decidir caer voluntariamente por aquel precipicio, pero terminé lanzándome. En fin, para todas las edades, allí había como entretenerse.

En medio de aquellas diversiones pusimos la vista en una cierta gran torre, de cuya parte más alta surgían dos inmensas tuberías gigantes. Éstas se retorcían en el aire como inmensos gusanos, y desembocaban en unas piscinas debajo. Desde varios lugares cercanos del parque habíamos escuchado gritos de gente aterrada y/o quizá divirtiéndose muchísimo; ahora descubríamos que estos gritos provenían de allí.



La torre, sin embargo, estaba atiborrada de gente haciendo cola. No resultaba muy atractivo tener que hacer tanta cola bajo aquel sol inclemente del verano de Alabama, sobre todo con tantas otras opciones refrescantes disponibles en el parque. Pero tanta gente y tantos gritos resultaban intrigantes.

Preguntamos y nos dijeron que la gran tubería azul era una de las más largas de todo el Golfo de los USA, y la gran tubería negra era una especie de versión especial y mejorada de la Azul. A la azul le llamaban la “Hurricane”, y a la negra la “Black Widow”, o en español, la Viuda Negra.

También nos dijeron que la cola larguísima era precisamente la de la Viuda Negra. La Hurricane tenía una cola cortica allá arriba en la cima de la torre; apenas unos pocos minutos en esa cola y ya te lanzabas. Varios de nosotros subimos de inmediato y nos alistamos en la Hurricane. Al acercarme pude notar que los encargados del parque se tomaban muy en serio su trabajo. En particular, los de la Black Widow se ponía a explicar varias cosas, y hacían muchos preparativos y gesticulaban mucho con las manos. La gente entraba y en milisegundos se escuchaban los gritos aquellos. Y los gritos que se adentraban en la Black Widow parecían destacarse bastante sobre los de la Hurricane.

En fin, ya estaba yo en mi turno para lanzarme por la Hurricane, y por fin me lanzo. ¡Yeeeeeeeeeeehhaaaaaaaaaaaaaaaaaa!.... ¡Aquello en verdad era fantástico! ¡Qué bajada tan fenomenal! Además, ¡era larguísima! La Hurricane era toda una montaña rusa acuática, mucho más larga que el jet-stream, batuqueaba con mucha mayor fuerza en las curvas, y tenía muchísimas curvas. Nos quedamos picados y decidimos que, si la Hurricane era tan buena y veloz, no podíamos irnos sin probar al menos una vez aquella tan cotizada “Black Widow”.

Entramos entonces en la cola de la Black Widow, que comenzaba a unos 15 metros de la base de la alta torre. Así de larga era la cola, que subía dando vueltas y vueltas por todos los escalones de la torre, hasta la plataforma en la cima. Fuimos avanzando muy lentamente, primero llegamos a la base, luego al primer descanso de las escaleras, luego al segundo, luego al tercero, etc. etc. La única novedad en aquella larga cola era la gente que subía corriendo para entrar directo arriba en la cola de la Hurricane. Todo el tiempo se escuchaban aquellos gritos lejanos y apagados dentro de los tubos, y siempre era un tanto difícil distinguir si eran de diversión o de horror.

Nos tomó una media hora llegar a la plataforma en el tope. Cuando me toca el turno, el encargado me pregunta si primera vez; le respondo que sí, y comienza su retahíla muy seria de instrucciones: me indica cómo debo acostarme, cómo debo tratar de mantener los brazos, que no entre en pánico, que todo va a estar bien, y bla bla bla... El mismo discursito que le decía a los niñitos más pequeños. “Pero si yo soy un adulto vale...”, pensé, pero muy educado me hice el que escuchaba todo y a todo le respondía ok, ok, ok. A su espalda estaba aquel gran círculo negro, la boca de la Black Widow. En cuestión de segundos cruzaría aquel misterioso umbral. Detrás de la voz del encargado se seguían apagando los gritos desaforados de los últimos osados, cada vez a más profundidad. Por fin iba a conocer el porqué de tanta gritadera infantil.

Y me lanzo...

A mí me fascinan las montañas rusas. He tenido la suerte de montarme, y múltiples veces, en algunas de las montañas rusas más destacadas de Orlando-Florida, entre ellas: "The Incredible Hulk", y la “Dragon Challenge” de Islands of Adventure. La Hulk es la de los rieles verdes y estructura ultramoderna, que te dispara a toda velocidad y hacia arriba en la salida. La Dragon Challenge son dos montañas rusas en una, dos trenes que van por rutas distintas y en cierto punto se encuentran y parece que van a chocar frente a frente a toda velocidad. Pero con todo y estas experiencias previas puedo asegurar algo: en este lugar de Alabama llamado Waterville USA, que dizque es un Parque de Diversiones Acuáticas, y de cuya ubicación yo no podía acordarme, hay una maldita tubería negra gigante que llaman la “Black Widow”, o en español, la Viuda Negra, una tubería de las de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco, y galgo corredor... llegarán a escuchar quijotadas por el estilo, pero no se dejen engañar. Esa no es ninguna tubería negra simplemente más avanzada que la Hurricane. No. La Black Widow es en verdad un disimulado portal a una parcela del Infierno.

Apenas se entra en la boca de la Black Widow comienza a extinguirse la luz a toda velocidad. Cuestión de fracciones de segundo. Se dobla el primer codo del tubo, y de aquel mundo de donde uno proviene, donde los ojos se achicaban de tanto resplandor, ya no queda absolutamente nada. Nada de nada. En ninguna dirección. Todo es del negro más absoluto. La negrura es tan perfecta y se asienta con tal solidez que de inmediato acapara toda la atención, se vuelve preocupante a pesar de uno. Intento abrir los ojos a más no poder, como para respirar falto de aire, pero aquella oscuridad asfixia y aplasta sin remedio. Todo en cuestión de fracciones de segundo.

En medio de esta desolación hace acto de presencia otro descubrimiento perturbador: la sensación de deslizamiento ha desaparecido de manera inexplicable. Uno no está bajando ni deslizándose, sino flotando suavemente como en un limbo negro, prisionero entre las paredes de un barril mojado y sellado por completo, que flota en la nada. Cual cucaracha desprevenida que se condena a sí misma a ahogarse en penumbra eterna por haberse metido en una lata de refresco en una fábrica, justo antes de que sellaran la lata.

Si ese escenario suena algo desesperanzado, la cosa empeora de manera considerable. La lata sellada con cucaracha atrapada adentro está como flotando en el centro de un campo negro de fútbol del infierno, rodeada en todas direcciones por una jauría de demonios gigantes que tienen caras de murciélago. Yo estimo que deben ser unos cincuenta demonios en total. Como buenos murciélagos, son inmunes a la oscuridad absoluta, y saben que la lata está allí. Más aún, saben que la cucaracha (uno) está dentro de la lata, porque la pueden oler. Resulta que las cucarachas son el manjar favorito de estos demonios. El objetivo del juego en ese campo parece ser patear esa lata, magullarla, retorcerla salvajemente y maltratarla tanto como sea posible hasta romperla. El demonio cuya patada logre por fin romper y abrir la lata se come la cucaracha.

Suena un pito inaudible, que sólo escuchan los murciélagos del infierno, y en aquel espacio negro y sin dimensiones el cuerpo dentro de aquella lata de pronto choca desde los pies pasando por la rodilla izquierda, el muslo izquierdo, la cadera, costillas, hombro, hasta cuello, oreja y cráneo, en fin, toda la anatomía posible del lado izquierdo de uno choca de súbito contra lo que debe ser una patada gigante de uno de estos cincuenta malditos demonios; sale entonces la lata despedida de manera explosiva hacia alguna dirección de aquella negrura inexorable, pero no sabemos hacia dónde, ni dónde está el próximo engendro de jugador, ni por dónde llegara la próxima patada, y estamos de pronto dando vueltas de manera momentáneamente plácida en aquel vacío sin gravedad, dentro de aquel aparente barril sellado, desorientación completa y sin embargo plácida, a merced de las tinieblas, y entendemos que otro murciélago acaba de recibir la lata con un soberano rodillazo; las paredes de la lata vienen a dar entonces justo contra nuestra frente, nariz, boca, mentón, esternón, abdomen, brazo derecho mal doblado sobre el abdomen, cadera y parte de los muslos, y en esta ocasión parece que se salvan nuestros tobillos y pies, pero ahora otro demonio de turno está estrujando la lata, y parece lograr sujetar nuestros tobillos y querer aplastarlos de manera inverosímil contra nuestras mismas orejas, para qué no lo sabemos, pero cambia de idea antes de que nos demos cuenta, y nos asesta una brutal patada justo en los riñones, para hacerle un pase a otro de sus gigantes y horrendos compañeritos de juego. La lata no cede fácilmente, y los demonios entonces se amañan desquiciados; cada uno parece tomar su turno y administrar su técnica rompelatas más eficaz; todos quieren comerse ese insecto imbécil que se condena al infierno solito metiéndose en una atracción de un parque de diversiones.

En medio de las contusiones se escuchaban gritos despavoridos a lo lejos. Como que los demonios jugaban con varias latas a la vez. Después de que los cincuenta demonios habían tenido suficientes chances de destrozar la lata y de hacerme papilla, aparece entonces una pequeña luz en medio de la violencia, en medio de la negrura... Distingo debajo de mis pies algo luminoso, y esto sin duda significa que la lata se está rompiendo, y que ya en muy poco tiempo voy a terminar triturado entre las fauces del murciélago ganador. Sabiendo que se le agota el tiempo, uno de ellos descarga toda su furia asestando una patada de fuerza descomunal, aplasta entonces la lata contra la totalidad de mi espalda, y salgo disparado hacia lo que descubro es ahora un pequeño círculo de luz que se va agrandando, y gracias a esa luz veo que la lata de mi encierro parece ahora elongada, se ha convertido en un gran tubo gigante y negro por el que me deslizo a gran velocidad, hacia ese círculo de luz que ya es una insufrible explosión de luz azul, y tengo que cerrar los ojos, y entiendo entonces que no han roto la lata, que estoy en verdad cruzando un umbral por donde se sale del infierno, a través de una gran tubería negra, cayendo en una gran piscina en algún lugar de Alabama, y llena de cloro y agüita aguamarina, clara como el agua de todas las piscinas que están de este lado del inframundo.

El chapuzón inundó lo que entonces entendí era mi propia garganta emitiendo un alarido aterrado y horripilante. Maniobré aturdido hasta lograr sacar la cabeza del agua y ponerme de pie. Casi no podía creer que hubiese regresado la gravedad, que estuviera de pie sobre algo firme, que existieran la luz y las cosas visibles, y que al parecer estuviera ya fuera del alcance de aquellos monstruos.

Miré a mi alrededor deslumbrado. Revisé mis brazos y piernas, mis hombros, mis codos y rodillas, todo el cuerpo. Parecía increíble, pero no estaba lastimado. Volteé para ver aquello, y allí estaba la Black Widow, como una serpiente de medusa gigante, por fuera más bien grisácea que negra, un exterior que ni remotamente sugería la maligna oscuridad de su interior. Y por completo inmóvil, pese a toda la violencia que escondía, serena como toda viuda negra, como Scarlett Johansson después de repartir paliza. ¿Cómo sobreviví aquella violencia? ¿Y cómo aquella ausencia de gravedad?... En esto sacudo los brazos, por fin libres, y me percato de que estoy resoplando de adrenalina, se podría decir que hirviendo en violencia y casi rabia, como listo para atacar con pleno furor cualquier amenaza. Pero el azul aguamarina me rodeaba ondeando muy tranquilo, y se escuchaban a lo lejos los mismos gritos de antes, apagados, entre divertidos y aterrorizados. Había gente por allí caminando, niños chapoteando en piscinas distantes, viejitos en pareja... El mundo circundante estaba en calma, el sol brillaba. Era tan inútil resoplar de adrenalina allí, y sin embargo era tan agradable y energizante. Mis ojos dieron de pronto con la salida de la Black Widow, y me estremecí al ver otra vez aquella negrura perfecta. Malditos ingenieros de la oscuridad.

Escuché entonces un grito que se aproximaba a toda velocidad, y salió disparado de la Black Widow otra cucaracha infeliz. Este era un hombre gordo y pecoso de Alabama, quizá de unos 30 años. Luego de hacer su splash y maniobrar y ponerse de pie con torpeza, tal como había hecho yo hacía unos instantes, descargó toda la efusividad de su acento sureño diciendo: “Hoooooooly Shit! Mother Fucker Black Widow, man!... Hooooooolllly Shit!...” Caminó bamboleándose por la piscina repitiendo esas exclamaciones un par de veces, y con más dificultad que gracia logró salir del agua sin utilizar la escalera. Una vez en tierra firme inició un trote algo atolondrado pero curiosamente decidido. Aún viéndolo alejarse me encontré haciendo exactamente lo mismo, corriendo también medio atolondrado pero decidido detrás de aquella otra cucaracha, otra vez hacia la torre de la Black Widow.

Monday, August 09, 2010

Sobre "Inception" (La película)




Un amigo comunicador social, Claudio Medina, escribió en su blog un interesante post sobre la película Inception. Inicialmente intenté responder allí pero no encontré cómo. Entonces dejé feedback en su post en Facebook, y escribí este post aquí. Luego pude por fin llegar al campo de feedback en su blog.

Extendiendo lo que escribí en ese comentario, pienso que no sólo los libros pueden conversar entre sí; por supuesto que también los blogs. Así que dejemos que conversen :)

Yo no diría que Inception es una reinterpretación de The Matrix, pero no ahondaré en ese tema en específico para no dar demasiados detalles de la película y caer en spoilers. Lo que al menos quisiera decir es que Inception me recordó algo que aprendimos recientemente en un programa de escritura creativa (ICREA, con el maestro Don Roberto Echeto entre otros): que los libros "no se escriben aislados; siempre comparten algunas cosas con otros libros predecesores, como si conversaran entre ellos de un mismo tema, pero desde ángulos ligeramente distintos".

Pienso que eso mismo debe ocurrir con las películas, porque esta película Inception me parece que "conversa" varias cosas con varias otras películas, no sólo con The Matrix (1999), también con otra un poco menos conocida: Dark City (1998), y aún con otra que prometía, pero que resultó algo malosa: The Cell (2000). Nótese los años de estreno de cada una. Curiosamente esas tres películas vieron la luz muy de cerca en el tiempo; Inception llega una década después a esa conversa.

A juzgar por los votos en IMDB, Inception (que está de #3) parece que se puede quedar por encima de Matrix (#27) entre las mejores películas de todos los tiempos, aunque hay que esperar a que se estabilice su puntuación.

Entre estas cuatro películas mencionadas aquí, para mí The Matrix sigue siendo la mejor, seguida muy de cerca por Inception; de lejos le sigue Dark City, y muy pero muy lejos queda The Cell.

Thursday, April 08, 2010

Starbucks en Venezuela



Starbucks es la compañía internacional de café más grande del mundo. Comenzó en Seattle WA, USA en 1971. Abre una tienda nueva todos los días, y ya tiene casi 17.000 tiendas en 49 países. Entre esos países, lamentándolo mucho, todavía no podemos contar a Venezuela. :(

Escribo hoy sobre Starbucks porque, aunque Ud. no lo crea, encontré una botellita de Starbucks en un abasto en Caracas, una de las botellitas de "Coffee Frapuccino":



Yo solía tomar estas botellitas con relativa frecuencia cuando vivía "abroad". Costaban, si mal no recuerdo, unos dos dólares. Acabo de revisar en Amazon, y el paquetico de 12 botellas tiene ahora un precio de lista (MSRP) de $30, lo que significa que cada botella está ahora en USA por $2.50.

Al cambio oficial que tenemos en Venezuela (Bs. 4.30 por 1 US$), eso corresponde a Bs. 10,75 por botellita. ¿Pero cuál es el precio de esta botellita en la tiendita en Caracas? Bs. 31,50. ¡Prácticamente el triple!

No, thanks. Go Starbucks yourself.

Cabe mencionar, hace apenas un par de semanas pedí un marrón claro en una panadería del CCCT, un vulgar marroncito en vaso plástico en la barra, nada de servido por mesonero en taza de porcelana en una mesa. En casi todas partes un café así, de panadería en vaso plástico, está a cinco, pero el cafecito costaba allí Bs. 9,00. Pensé que lo tendrían así de caro para controlar una demanda excesiva. Esto es tan sólo una panadería del CCCT después de todo, no un lugar de los bonitos para tomar café. ¿Será que lo hacen muy bueno? Decidí comprarlo para probarlo, y hasta pedí factura. Sin que me quede nada por dentro, sabía a miér-coles. Ese sabor solito podría controlar cualquier demanda. Si café así de malo cuesta nueve bolívares, entonces sí que tiene sentido cobrar treinta por una botellita de Starbucks Frapuccino.

Pero anyway: no, thanks. Go Starbucks yourself. Y a los de esa panadería del CCCT, lo mismo.

Monday, March 22, 2010

Fotos y Links en posts del Dynahi reparados





Aquí los cuatro posts de la Saga del Dynahi. En el último coloqué links a varias galerías completas que subí a Picasa:

Dynahi terminado! (Parte I)
Dynahi terminado! (Parte II)
Dynahi terminado! (Parte III)
Dynahi terminado! (Parte IV - final)

Friday, March 19, 2010

Reparando links a imágenes

Disculpas por los "broken links" entre los primeros posts de este blog, sobre todo los del Dynahi.

El website Head-fi.org (foro de entusiastas de audífonos y de audio en general, del cual soy miembro desde el Pleistoceno) sufrió un problema técnico severo a finales del 2007, lo cual les ocasionó un blackout legendario de varias semanas.

Lo primero que escribí en Head-fi luego de que revivieran el site de ese blackout fue precisamente lamentar lo grave que era perder todos los links anteriores que existían dentro del foro, y también fuera del foro hacia infinidad de comentarios, hilos, fotos, etc. dentro del mismo. Esa riqueza de hipertexto y multimedia se perdió para siempre.

Uno de los afectados por ese blackout fue este modesto blog que ahora lees, pues varias de sus primeras entradas rebosaban de links hacia Head-fi. Lo único que queda es reparar esos links.

Subiré mis fotos a Picasa y estaré reparando todos estos links próximamente. Gracias a Don Echeto por la sugerencia.

Sunday, February 14, 2010

El ruido y la luz

Hoy pasé por los puestos de libros usados que están debajo del puente de la Av. Fuerzas Armadas. No conseguí nada interesante. Culpa mía. Fui un poco tarde, después de las 4:00 pm. A esa hora de un sábado ya muchos puestos están cerrados, y los que sigan abiertos están ya en proceso de cerrar, o por comenzar el cierre.

Decidí regresarme en Metro, y bajé hasta la esquina de la iglesia Corazón de Jesús, en el cruce entre la Av. Fuerzas Armadas y la Av. Universidad. Noté que la puerta de la iglesia estaba abierta. Yo, la verdad verdad, no soy religioso, pero algo que a mí sí me gusta en medio de una ciudad como Caracas es poder disfrutar un poquito de tranquilidad cuando se puede, y algunas iglesias se prestan para esto. Y conozco la iglesia Corazón de Jesús desde hace mucho tiempo, y me parecía que la conocía bien, porque allí yo fui fotógrafo de bautizos cuando era adolescente, y la recorrí de arriba abajo muchas muchas veces.

Esta iglesia tiene una acústica bien curiosa. Afuera pueden estar la Fuerzas Armadas y la Av. Universidad vueltas un desastre, una guerra de cornetazos en tranca, pero si uno entra allí y tiene la suerte de que no haya misa, es como meter la cabeza en el agua: el ruido se sofoca, y se sumerge uno en un bálsamo de tranquilidad. Antes de cruzar el portón noté que no había ninguna tranca afuera, de hecho no había mucho ruido en la calle, así que la iglesia debía ser un verdadero tesoro de silencio.

No tuve suerte. Había un grupo de música ensayando, y para variar, como ocurre en casi todas las iglesias hoy en día, utilizando micrófonos, diseminando la horrible versión electrificada y mal amplificada de su sonido por todas las cornetas de todas las naves, a volumen ridículamente superior al necesario.

Yo no me explico cómo se ha perdido tanto el disfrutar los sonidos naturales y no amplificados, sobre todo en una iglesia. Que llegue el sonido a nuestros oídos directo desde las gargantas y desde las cuerdas, no desde unas cornetas. Un coro o un grupo cantando en un templo, a lo lejos, aunque se oigan bajito, como un rumor acompasado, un rezo en grupo, reverberando en la acústica propia del lugar... Ese sonido no es tan solo relajante, a mí me parece que tiene algo casi curativo, y ese sonido no lo he podido escuchar desde hace añales, casi desde que cantaba en un coro. Las iglesias hoy en día como que se sienten acomplejadas u obsoletas si no tienen sus cornetas a millón distorsionando cualquier cancioncita que se toque dentro del recinto.

No es cuestión de que el grupo estuviera desafinando, que yo no tengo oído absoluto para dármelas de que no aguanto una desafinación. Y las voces humanas, incluso desafinadas, cuando reverberan a lo lejos cantando o rezando son un sonido que a mí me parece agradable en sí mismo; como los cumpleaños, que no importa si suenan desafinados. Pero esos mismos sonidos descuartizados por los sistemas de "public access audio" de las iglesias, al volumen que les ponen, y multiplicados por la reverberación, lo que hace es engendrar una verdadera pesadilla auditiva, más todavía para un tímpano que lo que estaba era buscando paz. Ese sonido deforme y metálico está, para mí, mano a mano con las cornetas de los carros en una tranca histérica; con los gritos de un cerdo asustado cuando lo maltratan; con las uñas en la pizarra...

Al entrar, yo había intentado sentarme en el lado izquierdo, es decir, el lado norte. Y me llegué a sentar, pero aquel ruido infernal no me permitió aguantar mucho. En menos de quizá 10 segundos me estaba levantando para salir, y apenas doblando la esquina del banco de madera me quedé allí, para mi sorpresa, petrificado. Sentado en el lado norte tuve por supuesto que voltear hacia el lado sur para dirigirme a la salida (que da al oeste), y lo que me detuvo fue, separándome de la Av. Universidad, y como a 15 metros, la pared sur de la iglesia. O más bien, las partes que no eran pared. No eran todavía (corrección) las cinco de la tarde, y esa tarde, afuera, estaba completamente encendida. La luz del sol golpeaba como un diluvio gigantesco al otro lado de esa pared, alumbrando todos sus vitrales como yo nunca antes los había visto.

Estamos hablando de la humilde Iglesia Corazón de Jesús. Yo sé que no es ninguna Sagrada Familia, ni Capilla Sixtina, ni tiene los vitrales de Notre Dame, ni nada por el estilo. Y sin embargo, aquello detenía la respiración... Después de unos instantes en los que el ruido parecía haber desaparecido por completo, me volvió el pensamiento, y lo primero que me vino a la mente fue preguntarme algo no muy sublime: si habrían cambiado los vitrales. ¿O los habrían limpiado hace poco quizá? Miré hacia arriba, casi boqui-abierto, y aumentó mi asombro cuando vi los vitrales redondos de la parte superior de la nave central, también refulgiendo como nunca.

Todavía con el cuello estirado, y medio pasmado, me llego a dar cuenta de otro detalle: no hay bombillos encendidos. ¡Ah! Comienzo a ver para todos lados, y en efecto, ningún bombillo encendido. Estarán sin luz, o estarán racionando electricidad. Apenas hay una vela por allá adelante, cerca del altar. No hay luz (eléctrica, quiero decir). Pero no, el grupito seguía sonando horrible con su amplificación, así que luz eléctrica había para dañar el espacio acústico. Estarían racionando. En todo caso, el ruido golpeaba los oídos como para salir corriendo, pero la luz que había allí hacía todo lo contrario con los ojos.

No recuerdo haber visto esta iluminación por completo natural en esta iglesia, pese a yo haber estado tantas veces allí en mi vida. No pude recordar haber estado nunca justo como a esa hora, entre 4 y 5 de la tarde, con todas las luces de la iglesia apagadas, y con semejante sol alumbrando los vitrales. Me impresionó también el hecho de no haber notado aquello apenas entré en la iglesia. Quizá fue el choque acústico que me recibió lo que me distrajo; aquella estridencia dolorosa y enfermiza, cuando esperaba más bien un silencio sanador. Sin embargo, aquella luz...

Pensé también que no es primera vez que me pongo a pensar (valga la redundancia) en la importancia de la luz en las iglesias. No hace mucho estuve en la de Santa Teresa, y casi toda su iluminación ahora es de esta de bajo consumo, y no con bombillos de luz cálida, sino con los de luz fría. Habiendo estudiado cuatro años de mi primaria en el colegio Santa Teresa, tengo también memorias muy tempranas de mi vida con imágenes relucientes de cómo se veía esta otra iglesia con su luz eléctrica incandescente de aquellos tiempos "ineficientes", más las velas. La iglesia Santa Teresa de hoy simplemente no se ve igual; no transmite ni rastro de lo que transmitía aquel espacio antes, y me parece que la diferencia principal no radica en el deterioro de las paredes, ni en el bronce sucio de ese marco colosal que cubre el altar, ni en las telarañas arriba; la diferencia está en esa nueva iluminación fría, que choca también como uñas en una pizarra contra lo que me trae el recuerdo.

Volviendo a la Corazón de Jesús, mis oídos tuvieron que aguantar un poco más. En vez de salir de una vez, me acerqué a los vitrales vivientes. Noté que el lado norte también tenía algunos de los vitrales altos bastante iluminados, aunque los de abajo estaban por completo "apagados". Pero los del sur... la verdad no es fácil describirlo; aquello estaba iluminado de una manera que parecía imposible. La luz era tan potente y el colorido tan vivo. Tantas veces antes en esa iglesia, y nunca había visto yo semejante fulgor.

Me quedé un rato revisando los detalles de los vitrales, las caras tristes de los personajes, los colores. Los rojos. Los violetas. Los amarillos. Los blancos que parecían quemar. Y los diseños tan geométricos, tan intrincados. ¿Cómo nunca me había fijado mucho en ellos? Algunos de los vitrales tenían estatuas en frente, que por supuesto se veían oscuras y al contraluz, y eran un soberano estorbo para apreciar lo que importaba allí en aquel momento.

Me alejé y volví al lado norte, como para apreciar todo aquello en conjunto antes de irme, pero allí al parecer era donde retumbaba más el chirrido del grupito a través de las cornetas. Lo más irónico es que cantaban y tocaban indiferentes a aquel fenómeno visual, casi todos dándole la espalda. Quizá estén acostumbrados. Se ha perdido no sólo disfrutar del sonido natural, también se ha perdido disfrutar la luz natural.

Imagino que la única forma de apreciar bien esto que menciono es estar allí, y en las condiciones adecuadas. Como a esa hora, entre (corrección) 4 y 5 pm, cuando el sol esté disparando directo contra aquellos vitrales, con aquella furia tan serena. Un día como hoy, como la mayoría de estos días: sin nubes y sin lluvia, sol limpio, candente, y parejo, lo que se dice parejo. Pero también, sin luz eléctrica en la iglesia; que la iglesia no tenga ninguna luz artificial. Solo espero que se repitan estas condiciones cuando vuelva con mi cámara. Colocaré fotos aquí y en Facebook, aunque dudo que harán justicia.

PD. Actualización: unas fotos que tomé al día siguiente, pero un poco tarde, como a las 5:15 pm, cuando ya el sol no incidía directamente tras los vitrales.

(Click para ver el slideshow en Picasa)

Sunday, December 13, 2009

La Historia en Días y Horas





En la novela El Mundo de Sofia, de Jostein Gaarder, el profesor le pide a Sofía que vaya a una vieja iglesia medieval a las 4:00 a.m. para poder explicarle la Edad Media. Sofía se presenta allí a la hora indicada, y se le aparece el profesor vestido de monje medieval hablando en latín, a lo cual Sofía responde muy irreverente: “¡Habla noruego, tonto!” (La novela original se escribió en noruego.) El profesor poco después le pregunta la hora; Sofía responde que son las 4:00 a.m., y el profesor dice que está por comenzar la Edad Media. Si Jesús nació a medianoche de un lunes, y cada hora son cien años, entonces las 4:00 a.m. de ese lunes corresponderían al año 400 d.C., o el inicio del siglo V, y fue en el siglo V cuando se inició la Edad Media.

El Mundo de Sofía no me gustó para nada como novela, y su sesgo religioso tampoco me pareció apropiado para un texto que, en esencia, es una introducción a la filosofía. Pero lo que sí me gustó fue el barrido de la historia de la filosofia que hace ese libro, y también, en particular, este escalamiento del tiempo donde se asocia cada hora del reloj con el transcurso de un siglo.

En un post anterior de este mismo blog vimos toda la historia del universo llevada a escala sobre un año. Vimos que los humanos hemos estado en el planeta Tierra, y con esta apariencia de "seres humanos" que tenemos ahora, apenas los últimos 8 minutos de los 365 días de ese año, lo cual equivale a un 0,0015% de la edad del universo. En términos exactos, los humanos hemos existido solo 200.000 de los casi 14 mil millones de años de edad que tiene el universo.

Tratemos de hacer un escalamiento de toda esta historia de la humanidad en la Tierra, estos 200.000 años, utilizando el escalamiento de una hora = un siglo que le sugiere el profesor noruego a Sofía.

Primero que nada, organicemos un poco esa cantidad de años. ¿Cuál sería la subdivisión más simple posible de ese bloque de 200.000 años? Pues una división en solo dos partes. No en tres ni en cinco partes; solo en dos. Para hacer una subdivisión así de minimalista debemos primero escoger algún evento importante que nos permita dividir en dos pedazos convenientes, un antes y un después, toda esa gran cantidad de tiempo.

Existen varias subdivisiones posibles, pero los historiadores consideran la invención de la escritura (que ocurrió hace unos 5.100 años) como uno de los eventos más relevantes para marcar un antes y un después en la historia de la humanidad. Todo el tiempo que precede a la invención de la escritura se denomina, de hecho, “Pre-historia”, y desde la invención de la escritura en adelante es que se habla de la “Historia” propiamente dicha. Así que nuestra visión simplista de toda la existencia de la humanidad se resume de la siguiente manera:
- Seres humanos en la Tierra: ~200.000 años
- Prehistoria: Antes de la invención de la escritura (~195.000 años)
- Historia: Desde la invención de la escritura en adelante (~5.100 años, o desde 3100 a.C.)
Los historiadores occidentales han convenido en subdividir esos ~5.100 años de "Historia" propiamente dicha en cuatro grandes “Edades”, demarcadas por ciertos eventos importantes. Mostrando esa subdivisión, e indicando dichos eventos, nuestra esquema de la Historia luce entonces como sigue:
- Seres humanos en la Tierra (~200.000 años)
- Prehistoria: Antes de la invención de la escritura (~195.000 años)
- Historia:
-Antiguedad: Desde invención de la escritura (~3100 a.C.), hasta caída del Imperio Romano (476 d.C.)
-Edad Media: Desde caída del Imperio Romano hasta toma de Constantinopla por los turcos (1453)
-Edad Moderna: Desde toma de Constantinopla por los turcos hasta la Revolución Francesa (en 1789)
-Edad Contemporánea: Desde la Revolución Francesa en adelante
Volviendo al escalamiento de una hora igual a un siglo sugerido por El Mundo de Sofía, hoy en día, en el año 2009, estaríamos unos pocos minutos luego de las 20 horas (es decir, a pocos minutos luego de las las 8:00 p.m.) dentro de ese gran día lunes de 24 horas (2.400 años) que comenzó en el año 1 d.C.

La escritura (que se inventó en el 3100 a.C) apareció unas 31 horas antes del comienzo de ese lunes. Restando de esas 31 horas las 24 del domingo, quedan unas 7 horas antes de que terminara el sábado. Es decir, la escritura apareció como a las 5:00 p.m. del sábado del fin de semana justo antes de ese lunes cuyo primer segundo corresponde al inicio del año 1 de nuestra era. Toda la Edad Antigua abarca desde finales de esa tarde del sábado, pasando por el domingo completo, y llegando hasta las ~04:45 a.m. del día lunes (476 d.C.), cuando cae el Imperio Romano y comienza la Edad Media.

Unas 10 horas después (o luego de casi 1000 años) termina la Edad Media con la toma de Constantinopla por los turcos a las ~14:30 (año 1453) de ese mismo lunes, y allí se inicia la Edad Moderna, la cual durará un poco más de 3 horas (poco más de 330 años) hasta la Revolución Francesa que ocurrió unos minutos antes de las 18:00 horas (año 1789), dando inicio a la llamada Edad Contemporánea, la cual solo ha durado un poco más de 2 horas hasta la actualidad, las 20:05 horas (año 2009) que se ven en el reloj del dibujo arriba.

Mostrando la escala de una hora igual a un siglo, nuestro esquema de la Historia se resumiría entonces así:
Seres humanos en la Tierra (~200.000 años)
- Prehistoria: Antes de la invención de la escritura, casi 195.000 años
- Historia:
-Antiguedad: Desde invención de la escritura, 3100 a.C. (sábado ~05:00 pm), hasta caída del Imperio Romano, 476 d.C. (lunes ~04:45 am)
-Edad Media: Hasta toma de Constantinopla, 1453 (lunes ~14:30)
-Edad Moderna: Hasta la Revolución Francesa, 1789 (lunes ~18:00)
-Edad Contemporánea: Desde la Revolución Francesa hasta el presente, año 2009 (lunes ~20:05)
Y en esta escala de horas iguales a siglos, ¿cuántos días serían esos 200.000 años que hemos estado los humanos en la Tierra? Pues unos 83,3 días, o casi tres meses.

Friday, October 30, 2009

La alegría de un Coleccionista
(Odisea de 18 años)


De niño fui un modesto coleccionista en dos categorías de cosas: álbumes de barajitas, y enciclopedias por fascículos. Se puede entender que durante varios años esa afición me hizo asiduo cliente de todos los kioscos que había cerca y no tan cerca de donde yo vivía. El abrir un sobre de tres o cinco barajitas y encontrar una de aquellas "difíciles" que nunca se conseguían, o acercarse a un kiosco y desde lejos ver que ya tenía colgado y en exhibición el nuevo fascículo que correspondía a aquella semana; aquellas eran alegrías que quizá sólo alguien que haya tenido estas aficiones de niño pueda comprender.

Pero ya fuese por la poca confiabilidad de las editoriales o distribuidoras, o también por mi propio ocasional descuido, no siempre fue fácil completar mis colecciones. De hecho, el placer de ver completa una colección de éstas, que se arman semana tras semana a lo largo de meses e incluso años, fue siempre para mí la excepción más que la regla.

En cuanto a los álbumes, intenté llenar, entre otros, varios de Deportes, uno de Fauna y Flora de Venezuela, varios de ciencias naturales y tecnología, otros de animales, uno de medicina, uno de Historia de Venezuela, y varios otros que ahora mismo no recuerdo. Compraba los sobres de barajitas casi a diario; cambiaba barajitas con los otros chamos de la escuela tanto en plena clase como en el recreo, y a la salida íbamos varios niños fiebrúos a los quioscos a incrementar nuestro inventario y continuar nuestra pequeña bolsa de valores de barajitas.

Pese a tamaña dedicación, de todos esos intentos a lo largo de casi 7 años (entre mis 7 y 13+ años si recuerdo bien) yo logré completar un solo álbum. Para todos los otros intentos, siempre hubo unas cuantas barajitas que nunca conseguí.

Léase bien otra vez: de entre 15 a 20 álbumes, logré completar un solo álbum. Sólo uno.

Por cierto, ese único álbum que logré completar no me mataba mucho. Era de Historia de Venezuela, pero para mí, que era ya un experto en evaluar la calidad de todos los álbumes que salían al mercado Venezolano en esa época, este en particular no me parecía tan bueno. Pese a eso, no olvido la euforia cuando finalmente encontré aquella última barajita escurridiza que me faltaba para completar el bendito álbum; recuerdo cuando le puse la pega y cuando finalmente la coloqué en el sitio predestinado para ella en aquella página. Este fue así el primer álbum que lograba completar en mi vida, y sería el único. Todavía tengo ese álbum, aunque cabe mencionar, también tengo los varios otros álbumes que nunca completé pero que me gustaban más, y que seguirán esperando para siempre las barajitas numeradas allí ausentes que nunca conseguí. También tengo muy claro el recuerdo de aquella pequeña felicidad: el logro de una última barajita.

En cuanto a enciclopedias, intenté coleccionar, entre otras, la Enciclopedia "Se Todo" de Bruguera, La Enciclopedia de Medicina Sarpe, Inglés Junior de Salvat, Saber Más, La Biblia, Diccionario Lexis 22, Historia del Hombre, Diccionario Castell, Hable Inglés, Gran Diccionario Larousse, Salvat del Estudiante, Enciclopedia Visual Salvat, Enciclopedia Salvat del Arte, etc. etc. Muchos de esos intentos duraban, sin embargo, sólo unos pocos fascículos o libros, porque los kioscos de pronto dejaban de traerlos por unas semanas, y cuando volvían a aparecer, eran tres o cuatro números más adelante del último que yo había conseguido, lo cual ya dificultaba continuar la colección. Salvat era una excepción pues existía la Salvat allí mismo en Plaza Venezuela donde siempre se podría acudir para conseguir faltantes, pero luego la Salvat se fue de allí, y también las colecciones Salvat se volvieron poco confiables.

A veces los fascículos de una colección simplemente dejaban de venir, como si unos terroristas hubieran soltado una bomba en la casa matriz de la editorial, o algo por el estilo. Uno se quedaba entonces con la peor de las frustraciones; luego de religiosamente haber acumulado todos y cada uno de los primeros fascículos, de pronto no había manera alguna de continuar la colección. Recuerdo que eso me pasó con el diccionario enciclopédico Castell. Ya de adulto compré un diccionario Castell completo. No necesitaba este diccionario, pero lo compré en verdad por nostalgia, quizá a modo de paliativo contra aquella frustración que nunca se terminó de extinguir. Este diccionario era una desmejorada versión en un solo volumen; el papel no era tan bueno, y la impresión de las fotos era algo borrosa, y no tenía ni la mitad de las entradas de aquella colección que abarcaría 5 tomos, y que estaba nítidamente impresa, en un magnífico papel, pero que poco después de los fascículos del primer tomo desapareció por completo de todos los kioscos en la faz de la tierra, sin ninguna explicación.

Del "Inglés Junior" de la BBC/Salvat apenas coleccioné los primeros dos tomos, y el segundo me quedó bastante incompleto. Sin embargo, todo el inglés que me intentaron enseñar en bachillerato no abarcó nunca lo que logré aprender con esas pocas revistas y cassettes. Tendría yo si acaso unos 9 ó 10 años cuando coleccionaba el Inglés Junior. Recuerdo el Barret Circus, Mr. Barret, Castor y Pollux, Igor the Lion Tamer, María, Solomon the Seal, Ernest the Elephant, ¡y las canciones!

I´m Ernest the elephant and I can sing,
I can dance and I can sing,
I am an elephant and I can sing,
I can do anythiiiing!


I can still sing quite a few of those songs. Such good memories really, priceless memories... Pero no pude continuar esa colección, me quedó interrumpida y no la seguí comprando. Pienso que, quizá, porque entonces estaba comprando ya el Salvat Estudiante, y alguna otra colección o álbum, y con todos aquellos otros gastos el Inglés Junior con sus cassettes seguramente era caro para mi infantil presupuesto.

Unos pocos años después del inglés junior comencé a coleccionar el "Hable Inglés" de Sarpe/Longman. Esta colección estaba más orientada para adultos, pero era muy didáctica y muy buena también. La conformaban 96 fascículos distribuidos en 6 volúmenes en total. Esta sí, casi la completé, pero me faltaron apenas dos fascículos, uno de los cuales incluía un cassette (Gr%$***@*#~*@#*). Incompleta.

Estrictamente hablando sólo logré completar dos de las muchas enciclopedias que intenté coleccionar: una fue la "Historia del Hombre" (en 52 libritos), y otra la "Enciclopedia Salvat del Estudiante" (150 fascículos en 10 tomos). Ambas las sigo consultando de vez en cuando incluso en la actualidad. Entiéndase bien lo trabajoso que era para un niño completar, entrega por entrega, una enciclopedia de estas magnitudes. Apenas hay 52 semanas en un año; a una entrega por semana, tomaba un año entero completar la Historia del Hombre, y casi tres años completar la Salvat del Estudiante. Por supuesto, sabemos que no es rentable comprar una enciclopedia entrega por entrega, y yo lo sabía entonces, pero conseguir aquella nueva revista cada semana en el kiosco tenía su placer. Era como una especie de pequeño avance tangible en la construcción de una gran obra, y luego descubrir lo que había llegado de nuevo para la enciclopedia en ese pedazo de esa semana, los artículos, las fotos; era todo como un pequeño hábito disfrutar el descubrimiento, un pequeño regalo a la curiosidad que contribuía a la construcción de un gran regalo final. (Por cierto, el índice de cada tomo del Estudiante sólo se recibía en el último fascículo de cada tomo, así que lo que vendría en la próxima revista era siempre un gran misterio.) Por alguna razón, tener una enciclopedia entera de una vez para mí aniquilaba este extraño placer de ir buscando cada pedazo, de ir armándola e ir descubriéndola poco a poco.

Cualquiera se preguntará por qué me ha dado hoy por escribir de colecciones de libros de cuando era niño, y de toda la dificultad en completar unas pocas colecciones que logré completar hace tanto tiempo. Bien, resulta ser que hoy, de la manera más inesperada, experimenté otra vez el pequeño placer del coleccionista bibliófilo que completa una de sus colecciones. Esto es un caso muy curioso porque es una colección de apenas dos piezas, de la cual yo siempre tuve sólo una. La colección la inicié hace dieciocho años adquiriendo la primera pieza, y aunque parezca mentira, hoy, dieciocho años después, y sin estar buscándola, finalmente me conseguí con la segunda.

La primera pieza la encontré en el año 1991 en los puestos de libros usados que estaban y siguen estando debajo del puente de la Av. Fuerzas Armadas. Para el año 1991 yo ya era un adulto, ya estudiaba en la universidad, y ni qué decir, ya hacía muchos años que no compraba enciclopedias por fascículos, ni mucho menos álbumes ni barajitas. Ahora compraba, por supuesto, libros. Seguía siendo un bibliófilo empedernido, y sobre todo un asiduo comprador de libros usados -como lo sigo siendo.

Estaba, pues, en una de mis tantas exploraciones de libros usados en la Fuerzas Armadas, cuando me encuentro esta especie de diamante en medio de una montaña de carbón. Un fenomenal Volumen I de una llamada "Enciclopedia de Historia Universal", de Alianza Editorial, compilada por William Langer, Madrid, edición del año 1980. Era tapa dura, estaba en excelente estado, y leyendo aquel libro encuentro que éste era el primero de una enciclopedia de sólo dos volúmenes. Uno de dos. Éste que sostenía en mis manos era literalmente un burro de libro. Tenía 1642 páginas él solo, y lucía más grande pero apenas un poco más delgado que un Pequeño Larousse. Impreso en muy buen papel, contaba con excelentes diagramas y mapas monocromáticos, y descubro que aquel volumen I cubría la historia universal hasta la segunda guerra mundial; el volumen II cubría la historia desde después de la segunda guerra mundial.

Las páginas eran a dos columnas, y me sorprendí al ver que aquellas columnas tenían unas entradas en negrita, a la manera de las entradas en un diccionario, pero las entradas aquí no eran palabras: ¡eran fechas! Agrupando regiones y épocas por capítulos, el libro tenía toda la historia universal ordenada fecha por fecha, evento por evento, cronológicamente. ¡Era una cronología de toda la historia universal! Esto no sólo era un tipo de libro de referencia que yo no tenía, parecía ser EL libro de referencia a tener en esa categoría.

Deberá entenderse que este bibliófilo llevaba ya muchos años frecuentando casi mínimo una vez a la semana aquellos puestos de libros usados, al igual que varios otros puestos y librerías de libros usados en otras zonas de la Caracas de esa época; y por supuesto, también frecuentaba muchas librerías de libros nuevos. Sin embargo, yo nunca había visto esta magnífica enciclopedia de Historia Universal de dos volúmenes de Alianza Editorial y de William Langer en ninguna parte. Este libro era hiper-detallado e interesante y muy voluminoso. ¡Y era de Alianza Editorial! ¡Y tapa dura! ¡Y tan buen papel, y tan clara impresión! ¡Y en tan buen estado! ¡Y costaba, en aquella condición de "usado", sólo Bs. 250! (En aquella época eso era una ganga para semejante libro, sobre todo para el excelente estado en que estaba.)

De inmediato busqué el segundo volumen de este diamante en aquella montaña de carbón, pero no lo encontré. Pregunté al vendedor, y mala noticia: sólo tenía el primer volumen; nunca había tenido el segundo. Con razón estaba tan barato.

La falta del volumen II era muy perjudicial en este caso porque, explorando el primer volumen aún más, descubrí que no tenía ningún índice alfabético. Alianza hizo -muy razonablemente- un único índice alfabético para toda esta enciclopedia de dos volúmenes, y colocó ese único índice en el volumen II. ¡Darn! Aunque a uno no le interesara para nada la historia después de la Segunda Guerra Mundial, de todas maneras mayor falta que hacía ese segundo volumen para poder usar el primero con gusto. Si quisiera buscar donde se mencionaba, por ejemplo, a Carlomagno, en este inmenso libro de 1642 páginas, tendría que buscarlo a pulmón buscando primero en algún otro libro su fecha de nacimiento o fallecimiento, y luego buscando esas fechas en este libro, en el capítulo de la región adecuada. Mientras no tuviera el volumen II no tendría índice alfabético para poder llegar directamente a todas las páginas que mencionaran cualquier personaje o asunto de mi interés.

Deberá entenderse también que quien había sido de niño un asiduo coleccionista de enciclopedias por fascículos, sabía muy bien lo difícil que podía resultar completar una enciclopedia por partes, incluso cuando son ediciones nuevas, y cuando las editoriales y distribuidoras en principio garantizaban que harían llegar todas las entregas a todos los kioscos. Imaginemos entonces el riesgo de comprar, en categoría de usado, un volumen I de una enciclopedia nunca antes vista, publicada 11 años antes, sin saber si alguna vez conseguiría el volumen II que era el que contenía el crucial índice alfabético de toda la enciclopedia. No sólo era necesario conseguir el volumen II, sino el volumen II de la misma edición; una edición distinta quizá reduciría enormemente la utilidad del índice. Independientemente del precio (estaba en realidad muy barato), debe entenderse que adquirir este libro era, pues, para alguien como yo, someterse voluntariamente a una potencial frustración de coleccionista que podría durarme toda la vida.

Por supuesto que lo compré.

Puedo asegurar que aquello ocurrió en el año 1991 porque en mis libros yo siempre anoto el año de adquisición en la página donde se muestra el ISBN junto con los otros datos aburridos del libro. Lo compré, pues, en 1991. Aquel mismo día pregunté en todos aquellos otros puestos de libros usados, con mi volumen I en mano, pero nadie tenía el volumen II. El libro tenía un sello de la librería Elite (Plaza Venezuela) y allí acudí esa misma semana preguntando por esa enciclopedia, a ver si podrían venderme el volumen II, que yo ya tenía el I, pero no tenían ni el II ni el I. Así pasó con todas las librerías que visité en los meses subsiguientes. Y tampoco tuve la suerte de ver ningún volumen II (ni el I) en ninguno de los puestos de libros usados del resto de Caracas. Descubrí otras enciclopedias de Alianza, incluso otras en dos volúmenes, pero nadie tenía ésta.

Era apenas una pieza de dos; faltaba una sola pieza de dos para completar esta colección, esta pequeña gran enciclopedia. Ahora que lo pienso, en cantidad de entregas ésta era la colección más pequeña que yo había iniciado en la vida, y sin embargo, ya unos cuantos meses luego del primer volumen se vislumbraba como la más titánica de completar, incluso para un adulto. Una colección que sin embargo, me devolvía, con intensidad inesperada, un poderoso afán que había sentido desde niño.

Recuerdo que luego de una búsqueda fracasada a lo largo de varios meses y en muchas librerías, finalmente comencé a buscar en bibliotecas. Por lo menos quería constatar la existencia de este elusivo volumen II; al menos quería verlo y tocarlo. Busqué en una biblioteca que quedaba en el Paraíso y que yo había usado desde bachillerato. Nada. Busqué en la Bibliteca Nacional. Nada. Busqué en la de la UCV, ¡Y allí lo encontré! ¡Existía el Santo Grial!

Allí estaba el volumen II en todo su esplendor. Claro, estaba en una biblioteca; no era para mí. Pero existía el condenado. Me sorprendió ver que el volumen II era mucho más delgado que el I; no llegaba a las mil páginas. También me sorprendió ver que las páginas de este volumen II no comenzaban en la número 1, sino en la 1643. ¡Así de amarrados estaba estos volúmenes! ¿Cómo pudo nadie separarlos alguna vez? Aparte de la historia después de la Segunda Guerra Mundial, contenía, por supuesto, el maravilloso índice alfabético de toda la enciclopedia, que era gigantesco; este índice, a tres columnas y en letra muy menuda, ¡ocupaba por sí solo 150 páginas!

Pensé que podría sacarle fotocopias, al menos al índice, pero nueva frustración: no podría sacar aquel libro de aquella biblioteca; estaba en una categoría de referencia que no permitía extracción. Cualquier copia tendría que sacarse allí mismo, en la biblioteca. Pero sacarle copias a ese índice tan extenso sería demasiado trabajoso, y además, el resultado sería de muy baja calidad. Me resigné. Tendría que esperar a conseguir ese volumen II en algún lugar donde estuviera en venta, fuese nuevo o usado, o quedarme con otra colección no sólo incompleta: ésta, en particular tan buena, perdía considerable utilidad en ausencia de aquel índice.

Todo ese esfuerzo de búsqueda ocurrió todavía en 1991. Pasaron los años y nunca ví el libro aunque siempre estuve pendiente. Eventualmente me fui a vivir al extranjero y viví muchos años por allá. Regresé a Venezuela y volví a encontrarme en mi biblioteca con este libro volumen I, con esta otra enciclopedia incompleta, que seguía en el fondo de mi memoria como otra de tantas enciclopedias incompletas, y ésta ya declarada caso perdido.

Hoy, 30 de Octubre de 2009, estuve en unas pocas librerías (los viernes como que los estoy usando para esto) buscando un libro que me recomendaron recientemente: una antología de cuentos venezolanos, "Cuentos sin Palabrotas", de Fedosy Santaella. Uno de los lugares donde busqué fue Suma, en Sabana Grande. Allí pregunté por ese libro y no lo tenían, pero me puse a ojear los estantes de esta librería a la cual hace tiempo no le dedicaba suficiente exploración -eso que estuve allí hace unas pocas semanas. Llegué hasta el fondo, donde tienen la sección de historia, y reposando en un anaquel abajo, cerca del piso, ni siquiera estaba vertical, estaba puesto horizontalmente en un espacio con pocos libros, la portada mirando al techo, mostrando las grandes letras de la solapa: "ENCICLOPEDIA DE HISTORIA UNIVERSAL, WILLIAM L. LANGER, DESDE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, ALIANZA DICCIONARIOS". No lo podía creer. Lo levanté y revisé el resto del estante. Curiosamente no tenían ningún volumen I, y tampoco tenían ningún otro volumen II. Era el único. Estaba algo viejo, pero en perfecto estado, similar a como se ve ahora mi volumen I. En todo caso, mientras pasaba las páginas con mis dedos viendo el índice creo que me corrieron unas breves lágrimas de alegría; por suerte no había casi gente, y los vendedores estaban lejos.






La etiqueta tenía código de barras pero era viejísima, y el precio estaba en Bs., no en bolívares fuertes. El precio en la etiqueta eran Bs. 20.000,00. Pensé que quizá no estaba actualizada y que resultaría carísimo (como están los libros hoy en día, más aún un tapa dura de Alianza; un paperback de Alianza de bolsillo en esa misma y en otras librerías cuesta alrededor de Bs.F. 90). Pero ¿qué importaba? Lo que costara, yo iba a pagarlo; nadie en el universo podría tener la menor duda. Hay momentos en los que uno se hace esclavo de las cosas más tontas. Fui entonces hasta la entrada donde estaba la caja para verificar el precio, y pregunté. Increíblemente, ése era el precio: Bs. 20.000; apenas veinte bolívares fuertes de hoy en día. La mitad de aquel diamante de enciclopedia de hace dieciocho años, tapa dura, de Alianza Editorial, con el preciado índice completo, con toda la historia desde después de la segunda guerra mundial; aquel Santo Grial tan duro de conseguir, la enciclopedia más pequeña y a la vez la más difícil de completar, por fin la había completado y de hecho por accidente, sin haber estado buscando la pieza faltante; y costaba la ridícula suma de Bs.F 20. Allí le dije como si nada que muy buen precio y que me lo llevaba. Y será difícil de creer, pero hice algo realmente insólito: corrí el riesgo de dejarlo allí en el mostrador un rato; lo solté. Dije que iba a seguir viendo otros libros un rato más, y me dirigí de nuevo hacia los estantes; me quedé viendo otros libros de espaldas a la entrada, disimulando.

Finalmente pagué y salí de aquella librería con andar paranoico; comencé a caminar como si estuviera cargando en secreto un lingote de oro por las calles. Llegué no hace mucho a mi casa con este preciado volumen II en mano. Sin embargo debo reconocer que algo me preocupaba. Mi volumen I era de 1980, y este volumen II era de 1984. El índice podría corresponder a una edición distinta. Abrí la página del ISBN del volumen I, y allí estaba escrito, en bolígrafo negro, y en mi letra de hace dieciocho años: "1991", el año en que había adquirido aquel libro. Allí estaba también el ISBN: 84-206-5296-2 y decía al lado "Obra completa" (porque abajo aparecía otro ISBN para el volumen I propiamente dicho). Abrí entonces la página homónima del volumen II, y confirmé su ISBN de obra completa, y era el mismo. Volví a revisar el volumen I, y volví a revisar el II, y los volví a revisar otra vez. Eran el mismo, no cabía duda, pese a los cuatro años de diferencia de la impresión. Lo había logrado. Es la tercera enciclopedia que completo en mi vida. La más pequeña, apenas dos volúmenes, sin embargo la más difícil; dieciocho años después estaba, por fin, completa.

Busqué un bolígrafo negro y escribí entonces en la página del ISBN del volumen II la fecha de hoy, 30 de Octubre de 2009. Con toda sinceridad puedo decir que haciendo esto sentí lo mismo que sentí cuando niño, hace más de 30 años, poniéndole pega a aquella última barajita del único álbum que llegué a completar. Hay alegrías pequeñas que al mismo tiempo son tan grandes...

Puse el grueso volumen I al lado del II, y allí se juntaron por primera vez. La página 1642 del volumen I finalmente a dos tapas duras de la página 1643 en su complemento, el volumen II. El Ying y el Yang; el Alfa y el Omega. Dieciocho años después. Finalmente. Juntos. Completos.




Sunday, September 27, 2009

El tiempo que llevamos aquí...



Similar al intento del post anterior que trataba de hacer más digeribles algunas distancias gigantescas, seguí usando mi hojita en excel para entender mejor algunas de las más grandes medidas de tiempo que conocemos.

Los astrónomos y físicos nos dicen hoy en día que el universo tiene casi 14 mil millones de años de edad. Supongamos que toda esa cantidad de tiempo la metemos en escala dentro de los 365 días de un año, y que estamos a las 00:00:00 de la madrugada del 01 de Enero del año siguiente, es decir, en el último y más reciente momento de la historia conocida del universo, y en el inicio del futuro -como es nuestro caso todos los días, y en todo momento.

Viendo toda la historia del universo así, como un año que acaba de pasar, nuestro planeta Tierra tendría entonces apenas un poco menos de 4 "meses" de edad. La tierra nació entonces en los primeros días de septiembre de este gran año del tiempo.

La vida apareció en la Tierra todavía en ese mismo septiembre, cuando el planeta tenía apenas un poco menos de tres semanas de existencia. Pero toda esa vida era unicelular, y estaba en las aguas, y se mantuvo por mucho tiempo en el agua. La vida multicelular viene a aparecer en la Tierra bastante después, en los primeros días de diciembre. Los primeros animales aparecen a mediados de diciembre.

La evolución tardó en permitir vida fuera del agua. Las primeras plantas terrestres aparecieron hace un poco menos de dos semanas (por allí cerca del 19 de Diciembre). Los mamíferos aparecerían más de una semana después de las plantas terrestres, hace apenas un poco más de 5 días, y las primeras aves al día siguiente.

Estaríamos entonces a apenas 4 días del fin de ese gran año. Ya hay animales y plantas, incluso mamíferos y aves, pero todavía no hay humanos en el mundo. La evolución continúa su curso. Caen meteoritos; explotan volcanes; aparecen y desaparecen especies; se nos van tres de esos últimos "días" (o más de 100 millones de años) y llega el último día de ese gran año: el 31 de diciembre. Se hace mediodía; se hacen las 3:00 pm... luego las 6:00pm... las 9:00pm... y todavía no hay humanos en el mundo. Se hacen las 11:00pm del 31 de diciembre... las 11:30... las 11:45 pm... las 11:50!... y todavía no aparecemos; al menos no como nos vemos hoy en día.

Las primeras criaturas humanas que se veían como nos vemos hoy en día aparecieron hace unos 200.000 años. En nuestra escala eso corresponde a un poco menos de 8 minutos. En la gran historia del universo plasmada en un año vinimos a aparecer los humanos el 31 de Diciembre a las 11:52pm.

La invención de la escritura marca la separación entre Prehistoria e Historia, y ocurre a comienzos de la Edad del Bronce, hace unos 5000 años (3000 AC). En nuestra escala eso corresponde a apenas 12 segundos antes del fin de año y de nuestro presente.

¿Qué estaba ocurriendo cuando faltaba un solo segundo para el fin de este gran año de la historia del universo? El inicio de ese último segundo correspondería a finales del Renacimiento (siglo XVI). Ya estaban Cervantes y Shakespeare en el mundo, pero aún no habían escrito sus grandes obras.

Para más información: http://en.wikipedia.org/wiki/Timeline_of_evolution

PD. En un próximo post trataré de hacer un escalamiento de la Historia per se, es decir, desde la invención de la escritura hasta el presente.

Friday, September 25, 2009

Qué tan pequeños somos



El diámetro de La Tierra es 3.66 veces el de La Luna. La foto arriba muestra esas dimensiones de manera proporcional. Lo que la foto arriba no muestra es qué tan lejos está La Luna de nuestro planeta. Estuve jugando un poco con Excel para hacerme una idea de esa y de otras distancias estelares.

Esa Tierra en la foto de arriba debe verse en la pantalla más o menos del tamaño de una pelota de tenis (6.7 cm de diámetro); y esa Luna es, digamos, del tamaño de un chicle bomba. Ahora bien, ¿podríamos mostrar la distancia entre esa Tierra y su Luna en órbita de manera proporcional sosteniéndolas con nuestras manos? Resulta que muy pocos pueden.

La longitud de nuestros brazos extendidos (envergadura) es en general igual a nuestra altura. (Esta equivalencia la plasmó Da Vinci en su "Hombre de Vitruvio".)

Si la Tierra fuese una pelota de tenis y la Luna un chicle bomba, como se ven en la foto de arriba, estarían entonces separadas por una distancia de aproximadamente dos (2) metros (unas 30 veces el diámetro de La Tierra). Si no tenemos al menos dos metros de altura, entonces no llegaramos a mostrar a escala, con nuestros brazos, lo lejos que están esa pelota de tenis, Tierra, de su satélite, el chicle bomba Luna. Aquí están a escala:




Pero ahondando en el asunto, ¿qué tan grande es esa distancia entre la Tierra y la Luna? Pues bastante grande; un poco mayor que la distancia recorrida por la luz en un segundo; más de un cuarto del diámetro del Sol.

El planeta más grande del sistema solar, Júpiter, es tan grande que caben más de mil planetas Tierra en su interior. De hecho, adentro le caben todos los otros planetas del sistema solar juntos, y todavía queda espacio:

(Click para ampliar)

Pues la distancia Tierra-Luna es casi tres veces el diámetro del gran Júpiter. La Luna la tenemos bien pero bien lejos.

Si Tierra == pelota de tenis, como en la primera foto arriba, el Sol sería una gran esfera de un poco más de 7 metros de diámetro, algo así como esto:



¿Y qué tan lejos estaría la pequeña pelota de tenis, nuestra Tierra arriba, de esa gran esfera? ¡Pues a casi 800 metros!

Plutón, el planetoide (que ya no planeta) más lejano del sistema solar, sería si acaso un bolibomba pequeño, más pequeño que nuestro chicle bomba Luna, y estaría a un poco más de 30 km de ese Sol a escala. Así pues, si nuestra Tierra fuese una pelota de tenis, el Sistema solar (aunque sea algo elíptico imaginemos que fuese circular) sería un círculo de unos de 60 km de diámetro, con la tierra (pelota de tenis) a 800 m de un Sol de 7 m de diámetro.

Ahora podremos ver como, incluso a esta escala tan reducida, las dimensiones cósmicas se vuelven casi de inmediato incomprensibles de lo inmensas que son.

En esta escala de Tierra = pelota de tenis a 800 m del Sol, podríamos preguntar qué tan cerca estaría la estrella más cercana al Sol: Próxima Centauri. Pues lejos, extremadamente lejos... De hecho, está tan lejos que en esta escala tan reducida la distancia no nos cabe en La Tierra, a menos que le demos unas cinco vueltas a su circunferencia. ¡Serían más de 200.000 kilómetros! (Más de 3000 millones de veces el diámetro de nuestra pequeña Tierra pelota de tenis).

Doscientos mil km. ¿Qué tan distante es eso? Para hacernos una idea, el diámetro del gran Júpiter son apenas 143 mil. 200.000 km son más de la mitad de la distancia real Tierra-Luna, y ya vimos lo grande que es esa distancia en su escala real. Esos 200 mil serían la distancia a la estrella más cercana, si nuestro planeta fuese del tamaño de una pelota de tenis a 800m del Sol. ¡Lejos!

Y en esta escala tan reducida, ¿qué tan grande sería nuestra Vía Láctea? Pues casi del tamaño de la distancia real Sol-Plutón. Esa sería nuestra pequeña galaxita Vía Láctea, entre las muchas miles de millones de otras galaxias que existen.

Ni qué decirlo, la verdad que hay mucho cosmos, pero estamos muy bien aislados, y somos bien pero requetebien pequeños.

Monday, August 24, 2009

Premiada María Guinand en Alemania



Continúan las mujeres Venezolanas cosechando éxitos. María Guinand acaba de ganar el Helmuth-Rilling Award (€ 20.000) de la Academia Internacional Bach en Alemania. ¡Felicitaciones María Guinand!

Este premio se une a varios otros éxitos recientes de Venezuela, incluyendo no solo el Miss Universo :) También otros reconocimientos en el mundo de la música:

- José Antonio Abreu recientemente obtuvo el premio Polar de Suecia, considerado como el "Nóbel" de música.

- El Coro de Voces Oscuras de Maracay ganó recientemente el 1er premio en el Certamen Internacional de Habaneras y Polifonía de Torrevieja, España.

Felicitaciones a estos y a todos los músicos de Venezuela!

PD. Coloqué el link a la noticia de Guinand que ofrece hoy El Nacional, descartando la de El Universal luego de haber corroborado con otras fuentes. (El Universal indica que el monto del premio son €200.000 en vez de €20.000)
Dos Miss Universo seguidas!



Felicitaciones a la bella Stefanía Fernández, Miss Universo 2009! Recibió su corona de manos de Dayana Mendoza, Miss Universo 2008, también Venezolana. Esta es la primera vez que una Miss Universo transfiere la corona a una sucesora de su mismo país.

Para más información: Miss Universe (Wikipedia)

Sunday, July 05, 2009

Sobre la incomprendida Electricidad




Hace unos pocos años me metí de lleno en la construcción de un amplificador de audio de alta fidelidad para audífonos (ver posts de inicio del 2007 en este blog). Por esa razón (más que por mis estudios anteriores) me empapé un poco mejor de algunos fundamentos de la electricidad.

No mucho después de haber completado el amplificador escribí en un foro de audífonos una analogía entre el flujo de electricidad y el flujo de agua con el fin de aclarar ciertas dudas de algunos participantes del foro en cuanto a la electricidad, en particular dudas sobre la diferencia entre corriente y voltaje. En otros foros he colocado links a esa explicación para no tener que reescribir lo mismo, luego de haber notado confusiones y malinterpretaciones similares. La confusión sobre algunos aspectos muy fundamentales de la electricidad parece ser más común y frecuente de lo que suele creerse.

Hace poco encontré unas páginas muy buenas que aclaran de manera explícita algunos malentendidos comunes sobre la electricidad. Decidí entonces escribir este post en mi blog.

Primero una pregunta introductoria:
¿Cuál metal entre los siguientes es mejor conductor que el cobre?

a) Mercurio
b) Aluminio
c) Plata
d) Oro


Si tiendes a responder d), el oro, pues ¡EEEERRRRRPPPP!... campana de incorrecto. La respuesta correcta es c), la Plata.

La Plata es el metal con mejor conductividad eléctrica entre todos los metales; el cobre le sigue de segundo, y el oro de tercero. (Para más info ver Tabla de Elementos ordenados por conductividad eléctrica)

Por lo general se piensa que el oro es el mejor conductor, o que es mejor conductor que el cobre. El oro lo que sí tiene es mucha mayor resistencia a la corrosión comparado con el cobre y con la plata, por lo cual se suele utilizar para recubrir y proteger contactos eléctricos.

Otra pregunta:
2)La corriente eléctrica no tiene peso. ¿Cierto o Falso?

Si respondiste Cierto: ¡EEERRRRRRP!...

Los electrones son portadores de carga, pero son materia y tienen masa. Si bien es una masa mínima y muy liviana comparada, por ejemplo, con la de todo un átomo de cobre (que tiene más de 115.000 veces la masa de un electrón), los electrones también tienen masa. Para dar una idea de cuanta es esa masa, 100 kg de cobre contienen casi un gramo de puro océano de electrones móviles que puede desplazarse como corriente eléctrica. Para más información: "Electricity is weightless? Nope"

Y hablando del desplazamiento de los electrones, la última pregunta de este post. Esta pregunta sí es un poco más sofisticada:

¿Qué tan rápido fluyen los electrones por los cables en el circuito del diagrama de arriba mientras la pila está alimentando al bombillo:

a) A unas fracciones de mm/seg
b) A unos pocos km/seg
c) A cientos de km/seg
d) A casi la velocidad de la luz


Si respondiste d) La velocidad de la luz, entonces de nuevo: ¡EEEERRRRRPPP! Respuesta incorrecta.

La respuesta correcta de hecho es la a): el flujo de electrones desde el cátodo en la pila a través de ese cable, del bombillo, y del otro cable hacia el ánodo de la pila, ocurre a una velocidad que está en el orden de apenas unas fracciones de milímetro por segundo; apenas varios centímetros por hora. Un sirope bien lento el flujo de electrones.

Surgirá la pregunta sobre cómo el bombillo prende de manera instantánea al conectarlo. Ah... para la explicación viene al caso la analogía con el agua.

Imagínate que tienes una manguera conectada a un grifo cerrado, y que la manguera está vacía. Si abrimos el grifo, el agua que recién sale por la boca del grifo se tomará su tiempo en atravesar e ir llenando toda la manguera hasta llegar a la punta de la manguera y por fin salir. Supongamos que esperamos y luego de cierto tiempo comienza a salir el agua por la punta de la manguera; entonces cerramos el grifo. En ese momento la manguera está llena de agua. Si ahora abrimos de nuevo el grifo, el agua que quedó en la punta de la manguera (recordemos que la manguera está ahora llena) comenzará a salir al instante apenas se abra el grifo y se bombee el agua, cierto? Pues lo mismo pasa en nuestro circuito con los electrones en los cables de cobre y en el bombillo.

Los metales ya están siempre llenos de un océano de electrones móviles (de hecho eso es lo que los define como metales entre los elementos: el tener electrones móviles). Al conectar una pila en nuestro circuito lo que ocurre es que "abrimos el grifo", y se activa en ese mismo instante un bombeo de electrones, pero esto ocurre frente a mangueras que ya están llenas: los conductores metálicos. Este empuje inicia un desplazamiento de todo ese océano de electrones que reside en los cables y en el bombillo del circuito.

Esa ola de empuje (los campos magnéticos y eléctricos que constituyen la energía eléctrica) sí que fluye en todo el circuito tan rápido como la velocidad de la luz. De modo que todo el océano de electrones en todo el circuito recibe la señal de "¡Muévanse!" de manera casi instantánea. Es la orden (por llamarlo de alguna manera) que le dice a cada electrón "Comienza a moverte hacia el ánodo" lo que se desplaza a la velocidad de la luz por el circuito, pero no los electrones mismos.

El cálculo y verificación de la velocidad efectiva de los electrones por el circuito no es nada difícil conociendo las fórmulas involucradas. Sin embargo algo tan interesante como esto (a mi modo "nerd" de ver las cosas :P) casi nunca se explica de manera adecuada en cursos de física de escuelas; de hecho ni siquiera en materias de electricidad o electrónica en cursos universitarios de pregrado. Aquí unos enlaces donde se explica este cálculo en detalle:

- The speed of electricity
- Speed of Electricity calculation
- How fast does electricity travel? (pdf)

Al encender un bombillo incandescente en una casa, apenas se pasa el switch en ese mismo instante comienza un diminuto movimiento en todo el mar de electrones existente en los cables entre el panel de fusibles de tu casa, el switch que activaste, y ese bombillo. En este caso estamos hablando de corriente alterna, por lo que el desplazamiento de esos electrones no se dará en una dirección. Toda esa masa de electrones estará en sitio "vibrando", primero desplazándose apenas un poquitín (pequeñísimas fracciones de milímetro) en un sentido de la longitud de los cables, y luego el mismo poquitín en sentido contrario, 60 veces por segundo, calentando rápidamente el filamento del bombillo, y haciendo que emita luz.

Para más información anexo aquí unos enlaces, entre ellos una página muy recomendable sobre las confusiones más comunes en cuanto a la electricidad:

- Common Misconceptions About Electricity Spread by Textbooks
- Speed of electricity (Wikipedia)
- The Speed of Electricity